Description
Desde “La Casa, 8”, el grupo alterna guitarras abrasivas, gritos al límite y cambios de ritmo que pasan de la velocidad del hardcore a pasajes más pesados y cercanos al metal. No hay demasiado espacio para respirar. Las canciones avanzan a golpes, con estructuras quebradas y una tensión que rara vez llega a resolverse. “Purasangre” y “Eraikin Zuria” concentran buena parte de esa violencia sonora en poco más de dos minutos.
Pero Zaldi Beltza no consiste únicamente en tocar rápido y fuerte. En “Le Fleur” y “Dana” aparece una vertiente más melódica y desesperada, donde las guitarras construyen atmósferas densas antes de volver a estallar. El grupo maneja los contrastes entre fragilidad y agresividad sin abandonar nunca una sensación de incomodidad. Hay elementos del screamo de los noventa, del hardcore contemporáneo y del crust más oscuro, aunque todo termina integrado en un sonido bastante compacto.
Las letras, cantadas mayoritariamente en euskera, giran alrededor del aislamiento, el deterioro personal, la culpa y la dificultad de encontrar una salida. El título, que significa «caballo negro», funciona como metáfora del peso de los problemas de salud mental. No hay una romantización evidente del sufrimiento: las canciones describen estados de ánimo desagradables, pensamientos repetitivos y la sensación de estar atrapado dentro de uno mismo.
“La Casa, 20” introduce un pequeño contraste dentro de ese recorrido, mientras “Ez Ziguten Maitatzen Irakatsi” vuelve a endurecer el discurso. En “Gordetakoa”, con letra de Larraitz Fagundez y la participación vocal de Borja Pérez, la banda mantiene esa combinación de violencia y vulnerabilidad. El cierre con “Otsaila. Bilbo”, la pieza más larga del álbum, estira la tensión y deja una sensación de agotamiento que encaja con todo lo anterior.
La grabación y mezcla, realizadas por Borja Pérez en Cal Pau en octubre de 2022, conservan la aspereza del grupo sin convertir el sonido en una masa indistinguible. Las guitarras tienen peso, la batería golpea con contundencia y las voces quedan integradas en el ruido sin perder su carácter desesperado. La producción es densa, pero permite distinguir los cambios de dinámica que sostienen las canciones.
Zaldi Beltza es un disco breve, incómodo y bastante físico. Su intensidad casi constante puede resultar agotadora y deja poco margen para el contraste, pero esa falta de descanso también forma parte de su planteamiento. Víbora utilizan el hardcore como una forma de expresar malestar, no como simple ejercicio de velocidad o agresividad. El resultado es un trabajo áspero, emocionalmente cargado y muy ligado a la escena DIY de la que procede el grupo.







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