Description
En 1977 todavía había gente intentando decidir qué coño era el punk. The Damned no perdieron demasiado tiempo con la pregunta. Cogieron una guitarra, un bajo, una batería, un micrófono y doce canciones y grabaron Damned Damned Damned. Stiff lo publicó el 18 de febrero de 1977 y aquello entró en la historia como el primer LP de una banda punk británica. Pero lo importante no es la etiqueta histórica. Lo importante es que el disco todavía suena como si alguien hubiera tirado una caja de cerillas dentro de un garaje. Brian James toca la guitarra como si estuviera intentando romperla, Rat Scabies aporrea la batería sin ninguna intención de mantener las formas, Captain Sensible convierte el bajo en otra guitarra y Dave Vanian canta desde un sitio que no tiene nada que ver con el típico gritón punk. Ahí está una de las grandes diferencias de The Damned: podían ser rápidos, idiotas, violentos, melódicos, siniestros y absolutamente divertidos dentro de la misma canción. Nick Lowe, en lugar de intentar domesticar aquello, entiende que lo mejor es dejar que corra. El resultado son poco más de treinta minutos de electricidad maleducada.“Neat Neat Neat” abre el disco como una patada en la puerta. No hay introducción, contexto ni calentamiento. Guitarra afilada, batería desquiciada y un estribillo que parece escrito para que una sala entera pierda la cabeza. Después vienen “Fan Club”, “I Fall” y “Born to Kill”, y queda claro que The Damned no necesitan mantener una única velocidad para ser peligrosos. Pueden sonar desesperados, románticos, estúpidos o directamente psicóticos, pero siempre conservan ese nervio de banda que parece estar tocando cinco segundos por delante de sí misma.
Y luego está “New Rose”. Ya había salido como single en octubre de 1976 y fue la primera canción publicada por una banda punk británica; aquí funciona como una especie de centro de gravedad del álbum. Dos minutos y pico de guitarra, batería, melodía y urgencia. Una canción que demuestra que el punk no tenía por qué elegir entre ser bruto y ser pegadizo. Podía hacer las dos cosas a la vez.
La segunda mitad mantiene la misma lógica de demolición. “Fish” dura poco más de un minuto y medio. “Stab Your Back” ni siquiera llega al minuto. “So Messed Up” entra y sale antes de que tengas tiempo de preguntarte qué demonios acaba de pasar. Y cuando parece que el disco va a terminar, aparece “I Feel Alright”, su versión del “1970” de The Stooges, convertida aquí en una última exhibición de ruido, velocidad y mala leche. No hay relleno porque el concepto de relleno probablemente ni siquiera se les pasó por la cabeza. Pero reducir Damned Damned Damned a velocidad y caos sería injusto. Hay algo muy preciso en estas canciones. Brian James entiende perfectamente cómo escribir un riff que se te queda pegado y Vanian aporta una voz que introduce una teatralidad oscura en medio del incendio. Captain Sensible y Rat Scabies consiguen que todo avance como una locomotora a punto de descarrilar. Es punk, sí, pero también hay rock’n’roll, garage, glam, Stooges y una tradición de música sucia que The Damned no necesitan esconder.
Y quizá ahí está la gracia. Mientras el punk empezaba a convertirse en una escena, una estética y finalmente una industria, The Damned todavía parecían una banda que había encontrado una forma especialmente rápida de pasárselo bien. No hay solemnidad revolucionaria. No hay discursos. No hay necesidad de demostrar que son peligrosos. Se limitan a tocar canciones sobre sexo, muerte, obsesión, aburrimiento y caos con una sonrisa bastante sospechosa.
Damned Damned Damned es uno de esos discos que han sido tan imitados que cuesta recordar lo extraño que tuvo que resultar en 1977. Treinta y un minutos después, todavía no sabes si quieres montar una banda, romper algo o simplemente volver a poner “Neat Neat Neat”. Probablemente las tres cosas. Punk antes de que el punk tuviera que explicar qué era el punk. Rápido, sucio, divertido y peligrosamente bueno.





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