Description
Publicado por Run For Cover Records el 21 de mayo de 2021, Between the Richness es el segundo larga duración de Fiddlehead y la confirmación de que aquella banda nacida casi por accidente —con miembros de Have Heart y Basement— tenía algo más que una buena colección de canciones urgentes. Si Springtime and Blind era un disco atravesado por el duelo, este segundo trabajo se instala en un territorio más extraño: el lugar donde la pérdida convive con la felicidad, donde convertirse en padre no elimina la ausencia del propio padre y donde la vida sigue avanzando sin pedir permiso.
Musicalmente, Fiddlehead no se complica demasiado la existencia. No lo necesita. Las guitarras de Alex Dow y Alex Henery se mueven entre el hardcore melódico, el post-hardcore y ese emo de los ochenta que entendía la intensidad como una cuestión física, no como una pose sentimental. Los riffs son grandes, afilados y reconocibles; la batería de Shawn Costa empuja cada canción hacia delante con una contundencia casi atlética, mientras el bajo de Casey Nealon mantiene todo el edificio sujeto al suelo. Son canciones breves, directas, cargadas de estribillos que parecen diseñados para ser gritados en una sala pequeña, aunque el disco nunca suene simplemente festivo.
La diferencia principal respecto a su debut está en el punto de vista de Pat Flynn. Aquí ya no escribe únicamente desde la herida, sino desde una vida que se ha llenado de nuevas responsabilidades y afectos. Se casó, tuvo un hijo y llegó al décimo aniversario de la muerte de su padre. El título alude precisamente a esa coincidencia: su hijo y su padre comparten el nombre de Richard. Entre ambos queda Flynn, atrapado —o situado— entre la riqueza de la vida y la riqueza de la muerte. No es una imagen especialmente sofisticada, pero sí profundamente humana, y el disco funciona porque nunca intenta convertir esa contradicción en una teoría.
“Grief Motif” abre el álbum como una declaración de principios: el duelo no desaparece, no se supera del todo, no se archiva en una carpeta emocional. Simplemente aprende a convivir con otras cosas. Después llegan “The Years”, “Million Times” y “Eternal You”, canciones que combinan la velocidad del hardcore con una sensibilidad casi pop, sin perder ni un gramo de aspereza. “Million Times” resume bien la propuesta: una canción expansiva y melódica, capaz de sonar eufórica mientras habla desde un lugar emocionalmente frágil. “Down University” y “Get My Mind Right” recuperan el nervio más físico de la banda, pero incluso ahí hay una sensación de reflexión, de alguien intentando ordenar lo que le pasa mientras sigue corriendo.
El disco está atravesado por esa tensión entre lo íntimo y lo colectivo. Flynn canta sobre la familia, la memoria, el amor, la ansiedad y la dificultad de aceptar que las cosas buenas no cancelan las malas. La voz no busca sonar bonita: busca sonar verdadera. Hay gritos, quiebros y frases lanzadas como si fueran pensamientos que llevan demasiado tiempo encerrados. Incluso los momentos más luminosos conservan una sombra, mientras que las partes más dolorosas nunca caen en el dramatismo ornamental. Fiddlehead entiende que el hardcore puede ser confesional sin volverse blando y que una canción sobre la paternidad puede golpear con la misma fuerza que una canción sobre la rabia política.
La producción de Chris Teti mantiene esa mezcla de claridad y violencia bajo control. El álbum dura apenas veinticinco minutos y no contiene grasa: diez canciones que entran, golpean, se abren melódicamente y desaparecen antes de que la intensidad se convierta en rutina. El cierre, “Heart to Heart”, amplía el pulso del disco y deja espacio para que la emoción respire. Las apariciones de la lectura de E. E. Cummings —“I carry your heart with me”— funcionan como un marco poético sencillo, casi demasiado explícito, pero encajan con la voluntad de Flynn de dejar constancia de ese momento concreto de su vida.
Between the Richness no reinventa el hardcore ni pretende hacerlo. Su logro es más difícil de medir y, probablemente, más importante: convierte una serie de experiencias personales muy específicas en canciones que no parecen privadas. El duelo, la paternidad, el miedo a perder lo que se acaba de ganar y la sensación de vivir entre dos tiempos terminan sonando como problemas compartidos. Fiddlehead hacen música urgente para hablar de cosas que no tienen ninguna solución urgente. Y en esa contradicción encuentran la fuerza de un disco breve, sincero y extraordinariamente físico.





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