Decibelios: Manel 16 febrero, 2017 – Publicado en: BCBlog, Harto de todo

Raíces

Como para mucha otra gente, para mí la música adquiere un papel muy importante durante la adolescencia, y no solamente a nivel pasivo, escuchando música, siendo receptor, sino que también te das cuenta de que puedes ser parte activa, emisor. Empiezas a buscar en el ambiente que te rodea si hay más personas que hacen música y empiezas a tocar. Estamos en una sociedad donde la guitarra tiene un peso específico muy importante y, como casi todo el mundo, me decanté por la guitarra. Esto comporta adquirir unos conocimientos e ir quemando etapas. Empiezas a tocar lo que suena en la radio, lo que te enseña tu colega, sin ningún otro criterio que el de aprender. Posteriormente empiezas a desarrollar una visión sobre el mundo diferente y empiezas a posicionarte. Esto comporta conocer a más gente y ampliar tu campo de acción, lo que me llevó a conocer a más músicos y a acabar formando un grupo que, por casualidades de la vida, se llama Jarabe de Palo, nada que ver con los Jarabe de Palo actuales: te estoy hablando del año ‘76-‘77 y hacíamos música experimental.

Durante ese tiempo cogí mi guitarra y me fui a dar una vuelta por Europa. Eso me llevó a pasar en varias ocasiones por Londres, donde hice un primer contacto con un movimiento que acababa de explotar y que más tarde identifiqué como música punk, pero que era mucho más sano que todo eso.

Durante ese tiempo cogí mi guitarra y me fui a dar una vuelta por Europa. Eso me llevó a pasar en varias ocasiones por Londres, donde hice un primer contacto con un movimiento que acababa de explotar y que más tarde identifiqué como música punk, pero que era mucho más sano que todo eso. Era un movimiento de gente joven que se estaba reafirmando con mucha fuerza y con una manera de hacer las cosas que hasta ese momento no se había visto.

A la vuelta de ese viaje, contacte con más músicos y me llamaron para tocar con una banda que se llama Els Masturbadors Mongòlics, un grupo divertido y muy importante para mí. Además entré en el grupo justo antes de ver un concierto en Badalona de Stranglers con 999 que ya ofrecía unos parámetros donde moverse. Viendo ese concierto ya decías: “Cuidado, que aquí ya ha pasado algo diferente y encima nos lo han traído a la puerta de casa”. Esto, junto con los grupos que ya estaban en funcionamiento, el concierto de la Alianza, las jornadas libertarias del año ‘77 del Parc Güell y la muerte de Franco fueron el caldo de cultivo perfecto para una juventud ávida de hacer cosas. Existían todos los elementos y sólo faltaba la mecha y que alguien la encendiera. Y se prendió y explotó en muchos aspectos. Para mí esa explosión se plasmó con Els Masturbadors Mongòlics, que tocamos en el Canet Rock y en un montón de conciertos más.

19 de diciembre de 1984: Decibelios en Studio 54 presentando su disco “Caldo de Pollo”. Fotografía de Xavier Mercadé.

Decibelios

Después tuve que marcharme obligatoriamente a la mili, eran los tiempos en que la insumisión era peligrosa. Allí conocí a un chico al que también le gustaba la música y me propuso montar una banda con otro amigo suyo, que era el Fray, cuando volviéramos a Barcelona. Así que él acabó la mili unos meses antes que yo y cuando volví a Barcelona ya había montado Decibelios. Me propusieron entrar a formar parte de la banda y, cosa curiosa, cuando entré él ya la había dejado.

La banda sonora de este tiempo al principio era muy amplia: de Villalobos a The Beatles, de Deep Purple a Jimi Hendrix… Hasta que llegaron Stranglers, The Damned, Generation X, etcétera, sin perder de vista una cosa que me marcó mucho y que fue escuchar reggae. Recuerdo que a finales de los ‘70 en La Cibeles programaban alguna banda extranjera de reggae como The Cimarons. Ese estilo era una propuesta totalmente diferente a todo lo que estaba entrando, y me parecía muy interesante. Y de ahí pasé al ska, al descubrimiento de 2 Tone con The Specials, The Selecter, etcétera, con la sensación de que eso era realmente lo que me gustaba. Cuando entré en Decibelios lo hice con un tema, “Boca de Dios”, que ya compuse cuando descubrí 2 Tone y también de una música que para mí, en ese momento, no tenía ninguna definición y que más tarde alguien definió como música Oi!. Para mí simplemente era una manera de tocar y de hacer a base de secuencias armónicas muy simples, con cierta fuerza, cierta contundencia, pero sin perder de vista el componente de la melodía. Cuando entré en Decibelios quedaban algunos temas del proceso anterior, temas del single Paletas Putrefactos. Con el segundo single, Paletas y Bolingas, ya habían desarrollado esa vertiente Oi!, así que cuando yo entré empezamos básicamente a hacer repertorio nuevo conservando algún tema del repertorio antiguo como “Upstart”; pero ya empezamos a trabajar el repertorio que quedaría reflejado en el LP Caldo de pollo. En ese momento empezamos a escuchar más música. Fray siempre traía un montón de cosas nuevas y esas influencias nos llevaron a practicar ese tipo de música con nuestro propio sello, que posiblemente eran las letras, la manera de cantarlas y el hecho de utilizar el castellano.

Creo que lo que hace a Decibelios y a otros grupos del momento diferentes es que las cosas no se pensaban, se hacían. Se pensaba después, que es un poco la manera lógica y natural de hacerlo. El caballo delante y detrás el carro. La tracción tiene que ser un poco bestia, y digo lo de bestia por poner el animal delante, por poner el instinto, la fuerza…

¿Por qué en castellano? Muy simple: en el local de ensayo hablábamos tres lenguas. Entre el batería y el bajista hablaban francés, entre yo y el cantante, catalán, y entre todos, castellano, así que salió de manera totalmente natural. No estaba pensado, ni la música estaba pensada: estaba hecha. Creo que lo que hace a Decibelios y a otros grupos del momento diferentes es que las cosas no se pensaban, se hacían. Se pensaba después, que es un poco la manera lógica y natural de hacerlo. El caballo delante y detrás el carro. Si pones delante el carro y detrás el caballo esto no tira. La tracción tiene que ser un poco bestia, y digo lo de bestia por poner el animal delante, por poner el instinto, la fuerza… Eso arrastra lo que lleva detrás.

Las personas generan a su alrededor unos ambientes por afinidad, por costumbre. El Patata era un bar donde se reunía gente bastante interesante y de diferentes ambientes. Desde gente como los Extramonio, que hacían rock duro, a gente del ambiente punk. Pero yo el Patata lo recuerdo sobre todo por ciertas personas con las que tenía afinidad como el Manolo, nuestro bajista, el Xavi Vilaró, que había sido guitarrista de Decibelios, y por las partidas de Kiriki, los quintos, las patatas bravas y los huevos duros. Era simplemente un sitio para estar, como también lo era el Fantástico. Personalmente no es que fuera a buscar el ambiente, sino que caía en el propio ambiente. No éramos demasiados. Posiblemente yo estaba más interesado en ciertas personas y en el momento puntual en que podía establecer un diálogo con ellas que en el ambiente como tal. Lo que aportaba el ambiente era una cierta afinidad, encontrarte en un espacio confortable en el que levantabas la cabeza y lo que tenías a tu alrededor era cercano. No es lo mismo ir al Hotel Majestic a tomar un café que ir al Fantástico. Pero para mí el sitio más importante sin duda alguna donde se generaba todo era el ámbito que rodeaba nuestro local de ensayo, porque no podemos olvidar que nuestro compromiso era con la música, y el ámbito del bar era secundario.

Época de “Con el tiempo y una caña”.  Fotografía de Carles Viñas.

Lo más importante de todo este tiempo con Decibelios para mí es la música, porque es la música la que me lleva a Decibelios y es también la música la que me lleva más allá de Decibelios. Es la columna vertebral, lo que hace que Decibelios exista. El placer de verla reflejada en grabaciones y que ahora me permita hacer este viaje personal en el tiempo.

Qué significó Decibelios para la gente no lo sé. Hay que pensar que muchas veces la valoración externa que se puede hacer del grupo no tiene nada que ver con la valoración de las personas que forman ese grupo. Ten en cuenta que nosotros éramos cuatro personas absolutamente entregadas en cuerpo y alma. Creíamos en lo que hacíamos, muchas veces sin buscar segundas intenciones o liderazgos que por regla general venían asumidos de fuera, igual que ciertas valoraciones críticas en las que se pedía un posicionamiento. Y, en ocasiones, esa petición de posicionamiento (fuera el que fuera) venía de personas que lo necesitaban más bien para ubicarse ellas mismas. Así, en algunos casos, no lo han obtenido por parte de la banda porque, de alguna manera, ésta andaba lejos de sus necesidades. Ocurre, entonces, que la situación puede llevar a una visión distorsionada por ambas partes. Para mí Decibelios fue una experiencia personal basada en la música que me llevó a viajar, conocer, vivir y enriquecerme como persona. Enriquecer quiere decir probar platos dulces, amargos o insípidos. A su manera, todos me alimentaron. Que quede claro que esto es una posición absolutamente personal.

Creíamos en lo que hacíamos, muchas veces sin buscar segundas intenciones o liderazgos que por regla general venían asumidos de fuera, igual que ciertas valoraciones críticas en las que se pedía un posicionamiento. Y, en ocasiones, esa petición de posicionamiento (fuera el que fuera) venía de personas que lo necesitaban más bien para ubicarse ellas mismas.

La relación con DRO surgió de una manera muy natural. Hay una explosión en muchos aspectos y una capacidad de autogestionar el producto. Editan un single, funciona y reinvierten las ganancias en una manera de hacer las cosas porque se dan cuenta de que tienen a su alcance poderlo hacer. De esta manera empiezan a introducir nuevas bandas que llegan a un montón de gente súper receptiva con muchas ganas de escuchar cosas nuevas. Son trabajos de personas afines y que están a su mismo nivel. Eso es muy importante, porque no se produce una relación de diferentes alturas como podías tener con otras discográficas. Fue Miquel, nuestro batería, quien empezó a mover maquetas y quien estableció un primer contacto con ellos. De la manera más amistosa se produjo una relación contractual. Muchas veces se aprovechaba un viaje a Madrid para dar un concierto y visitar a algún amigo para firmar los contratos. No había ninguna intención de discutir las condiciones o negociar, se veía como algo normal y lógico, como un benéfico para todos. Eran más las ganas de hacer cosas que no el trabajo de planificación. Después, con el tiempo, se ha visto que todo eso ha ido derivando hacia otros terrenos. Muchas de esas discográficas crecieron y fueron absorbidas por multinacionales, y cuando intentado hablar con ellos para recuperar tus masters te has encontrado con respuestas que sí demuestran dos niveles o tres de relación.

19 de diciembre de 1984: Decibelios en Studio 54 presentando su disco “Caldo de Pollo”. Fotografía de Xavier Mercadé.

Yo creo que no era tan difícil editar un disco, como no era difícil grabar. Lo que pasa es que debías tener mucha convicción. Un grupo es una fuerza, son varias personas que generan un ente que supera a esas mismas personas. Decibelios en sí mismo era una entidad, más allá de sus componentes. Con esto quiero decir que a veces el grupo tiene que tener una credibilidad, porque todos sus componentes lo viven al cien por cien. Cuando hay este empeño, esta fuerza, cuando tienes una evidencia absoluta de lo que estas haciendo, se producen unos resultados de una manera o de otra. No había diferencia entre lo que decíamos y lo que hacíamos. Teníamos una fuerza y energía brutal. No teníamos un planteamiento previo de las cosas (pensar en qué teníamos que grabar), sino que surgía de forma natural con nuestra forma de actuar.

En esa época nosotros compaginábamos el trabajo con el grupo. Si te fijas, hay algunas fotos de Decibelios hechas en una cerrajería con la que manteníamos una relación contractual. Había familias que mantener y esa economía que proporciona el trabajo también te proporciona cierta libertad.

Teníamos relación con otras bandas porque coincidíamos tanto en conciertos como en alguno de nuestros entornos. Además cada individuo tenía un nombre y un sobrenombre que normalmente coincidía con el nombre de la banda en la cual tocaba, así que creo que las relaciones que se producían eran más personales, de persona a persona, y para que esto se produjera los ámbitos de trabajo tenían que ser cercanos físicamente, como compartir local de ensayo. Nosotros lo teníamos bastante aislado en la línea donde acaba Barcelona y empieza L’Hospitalet, y solo venían algunos colegas y algunos colaboradores como el Boris de Ultratruita.

En esa época nosotros compaginábamos el trabajo con el grupo. Si te fijas, hay algunas fotos de Decibelios hechas en una cerrajería con la que manteníamos una relación contractual. Había familias que mantener y esa economía que proporciona el trabajo también te proporciona cierta libertad.

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Fotografía de portada: Manel (Archivo Carles Viñas)

Extraído de Harto de todo: Historia oral del punk en la ciudad de Barcelona 1979-1987 de VV. AA. (BCore, 2011)


Al habla Manel Domènech, nacido en 1958, en el Barrio de Ciutat Vella (Barcelona).

Decibelios fueron unos auténticos pioneros del movimiento skinhead en España. Su sonido punk, su agresividad en directo, sus letras y su estética skin no dejaron a nadie indiferente. La personalidad de Fray para conectar con el público junto con el apoyo de su discográfica les hicieron inmensamente populares y en poco tiempo se convirtieron en toda una referencia de la subcultura punk y skin que se extendió a lo largo de toda la península.

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