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Mongo Machine

Mongo Machine

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BC.346LP | Bcore Disc
¡Atención, vuelven los Mongos con Mongo Machine! Y claro, eso son buenas noticias para los amantes del punk. Del rock. Del punk ‘n roll más irreverente y depravado. Aquel que emana de las bajas pasiones, los riffs infectos y los antros grasientos de la ciudad. Pero también, de aquellos lugares donde el glamour halla su cuota justa de inmundicia. Una combinación de factores, inherente al sonido de Bad Mongos, los reyes del punk-rock de la Costa Brava y de donde les echen. Tras patearnos el trasero con el impecable Shoot The Bullet, ahora nos entregan este ... Ver más
nuevo escupitajo, de título Mongo Machine. Un nuevo trabajo que no hará sino incrementar su nómina de feligreses, a base de buena mandanga, esculpida (y escupida) a velocidad de crucero, con guitarrazos a tutiplén, coros para evadirnos del tedio intersemanal y, en definitiva, un puñado de buenas, breves, concisas canciones de rock and roll acelerado y sencillo, que no simple, prestas para proporcionarnos un chute de energía infalible y necesario, para ponernos en estado de alerta. El disco empieza con «Not Anymore». Toda una declaración de intenciones, preñada de mala leche, donde le ponen banda sonora a la pérdida de la inocencia, de la forma más contundente y efectiva. A destacar esos “oi” y la voz de Chris Waugh, más cruda y encabronada que nunca, tanto aquí como en el resto del disco. En «Revolution» nos llaman a armas, recordándonos, de paso, que pocas o ninguna banda puede toser a los mismísimos Turbonegro (de quienes se saben el libro de estilo al dedillo), con la determinación y el acierto de los putos Mongos. Crush Your Bones es punk del 77, pero redoblando la apuesta. Más velocidad. Más suciedad. Chúpate esa Johnny Rotten (y tú también, Stiv Bators). En Bitch City, uno de los highlights del disco, enhebran la aguja de New York Dolls, con el hilo de T-Rex. Suena como si el trote del glam cruzara su adn con la facilidad para el hit escandinavo de Gluecifer. «Shiver» es puro rock and roll. Del de toda la vida. Eso sí, tocado a 200 por hora, y con un desafío implícito: te van a hacer vibrar a base de r’n’r. No lo dudes, lo harán. Otra cosa quizás no, pero eso lo hacen a las mil maravillas. La primera concesión es «Animal Love». Un pequeño respiro. Un momento donde bajan las revoluciones, para que puedas centrarte en alzar el puño con vehemencia, mientras cantas su infecciosa melodía y esa letra traviesa, deudoras ambas, como no, de los mejores Turbonegro. Los de finales del pasado siglo. «Neon Boy», nombre de guerra de Waugh cuando se cuelga la guitarra, eleva su testa y saca la lengua junto a sus Mongos, pone título también a una espitosa canción de punk volcánico, que trepana tu psique hasta el tuétano, metiendo el dedo en la llaga. Lo bueno si breve, más contundente. Mejor. «Q.D.P.C.» es una suerte de continuación de «Dirty Pifa», del anterior disco. Una proclama anti-todo, llena de ponzoña y mala baba. Será imposible no cantar ese “riot” tan convincente, dándolo todo, cuando asistamos a uno de sus incendiarios directos. La ramoniana «Single Bed» gustaría y mucho a Joey Ramone, pero también a cualquier amante The Damned, o de lo más granado que dio de sí la Gran Manzana en los gloriosos años setenta. «Too Late» es otro puñetazo en la boca del estómago. Explosiva, certera, enrabietada, chulesca. ¿Que más se puede pedir? Empieza «Break it» con un ritmo-apisonadora, perfectamente despachado por Pifa, el entrañable e implacable baterista del combo formado en La Bòbila, epicentro sub-cultural punk de su Palafrugell (Girona) natal. Otro momento donde no se dejan nada. Otro momento para la rabia y la velocidad, sin perder, claro está, su avezado sentido melódico. Llegados a estas alturas uno se pregunta, ¿qué cojones desayuna esta gente? ¡No dan tregua! Y como colofón, «Old Sailor Man». Un himno perfecto para poner el broche final. Un temazo sustentado en un gran estribillo, el cual, además, cuenta con, no uno, sino dos punteos de altura. El inicial, suena melódico, tarareable. El posterior, avisando de la llegada del clímax, se antoja enfermizo, psicótico; en la onda de sus queridos No More Lies. Y hablando de los de Sant Feliu de Guíxols, su líder, el gran Santi García, productor y músico de relumbrón, es el encargado de hacer sonar el disco como un tiro. Se grabó en un suspiro (¿a alguien le extraña?), pero eso no es óbice para que suene impecable. Un sonido cremoso, británico. Cálido pero incandescente. Un aplauso para el “sonidista”. En cuanto al artwork de Mongo Machine, este corre a cargo de Xavi Forné, consagrado artista gráfico que ha trabajado para infinidad de bandas de renombre, allende los Pirineos. Bonita obra gráfica de ingeniería “monguer”, que pido a gritos ser palpada en la rugosa tapa del que será, no lo dudes, el disco que pondrá a Bad Mongos donde les pertoca: la élite del mejor punk rock hecho por estas latitudes. ¡Larga vida al rock and roll! ¡Larga vida a los Mongos! Ver menos
Sello

Bcore Disc

Formato

LP Colour, CD