Description
Con Red Medicine pasa una cosa curiosa. No suele ser el disco de Fugazi que entra a la primera. Si venías de la urgencia más directa de Repeater o de la contundencia de In on the Kill Taker, seguramente la primera escucha te dejaba un poco descolocado. No porque le falte intensidad —que no le falta— sino porque aquí la banda decidió abrir ventanas nuevas y dejar que entrara aire raro.
Siempre he pensado que este es el disco donde Fugazi dejó de demostrar que era una de las mejores bandas del hardcore para convertirse, simplemente, en una banda imposible de etiquetar. Siguen estando las líneas de bajo hipnóticas de Joe Lally, las guitarras tensas de Ian MacKaye y Guy Picciotto, y esa batería de Brendan Canty que parece tocar siempre medio segundo por delante de todo el mundo. Pero aquí todo suena más libre, más torcido, más de estudio. Como si por primera vez hubieran entendido que podían romper su propio molde sin dejar de sonar a ellos mismos.
Hay discos que te ganan por canciones. Este te gana por atmósfera. Por esa sensación de estar escuchando a cuatro personas empujando en direcciones distintas y, aun así, consiguiendo que todo avance junto. Temas como Do You Like Me, Forensic Scene o Long Distance Runner no son necesariamente las canciones más inmediatas de su catálogo, pero acaban quedándose contigo de una forma rara. De esas que años después sigues tarareando sin saber muy bien por qué.
También es uno de esos discos que mucha gente redescubrió tarde. El típico álbum que en su momento desconcierta porque no responde a lo que esperabas, y que con los años se revela como uno de los movimientos más valientes de una banda que nunca tuvo interés en repetirse. Quizá por eso hay quien lo tiene como favorito absoluto y quien tardó décadas en entenderlo. Y ambas cosas tienen sentido.
Si algo define a Red Medicine es precisamente eso: no busca gustarte rápido. No tiene singles obvios ni momentos pensados para engancharte a la primera. Va creciendo con las escuchas, como esos discos que no te lo ponen fácil pero que, cuando entras, ya no sales. Es Fugazi en pleno 1995, mirando de frente a todo lo que habían construido y decidiendo que la única forma de seguir era romper un poco más las reglas.





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