Description
Tras el extraordinario “Pomes agres”, un debut arrollador que ofrecía dosis de energía y melancolía difíciles de encontrar en un solo disco, el segundo trabajo de Les Cruet era un reto difícil de afrontar. Si a eso le sumamos un pequeño cambio de formación (Pau Albà, batería de Les Sueques y Unfinished Sympathy, se incorpora a la banda), es fácil comprender que las expectativas para este nuevo disco de Les Cruet fueran altas.
Pero “Cérvols, astres” no decepciona. Mantiene viva aquella magia ancestral, emotiva, resquebrajada, que hace de Les Cruet uno de los grupos punk más personales jamás surgidos de la escena catalana. Atmósferas contundentes, guitarras oscuras, a la vez que delicadas e ingrávidas, y una voz que va por libre y se lo lleva todo hacia un territorio trágico, donde reír y llorar forman parte de una misma acción, siempre a flor de piel. Porque de eso va la música de Les Cruet, de sentimientos soterrados, que se recogen entrañas adentro y se escupen con fuerza contra un horizonte que se apaga.
En este nuevo trabajo, coherente con su debut, la contundencia rítmica y la rabia arrecian un poco para dejar aflorar algunos matices que demuestran, si todavía alguien lo dudaba, que el punkrock es mucho más que eslóganes repetitivos y estribillos hooligans. Solo hace falta escuchar una canción como “Crits” para darse cuenta que la capacidad de generar emociones complejas y para nada prefabricadas sigue siendo el punto fuerte de Les Cruet. Una sensibilidad propia que no queda neutralizada por el volumen y la distorsión, sino al contrario.
La naturaleza como refugio y como alternativa a una civilización carcomida es el núcleo conceptual del disco. A través de joyas como “Esquirol i geneta” o “Sota tant de tot”, más próximas a cierto indie melancólico e intenso, las letras dibujan una serie de imágenes dominadas por los animales y los elementos (el frío y el viento, siempre presentes), a la vez que la música proyecta sensaciones agridulces, una mezcla que define a la perfección el universo de la banda. También lo consiguen con “Formigues i cigales”, un himno triste que se rompe en la garganta, o en la enloquecida “2 de març”, un hit con uno de los arranques más adictivos y electrizantes del disco.
Como veréis tras mantener “Cérvols, astres” en el reproductor durante días, solo hay una conclusión posible: las canciones de Les Cruet no se escuchan, las canciones de Les Cruet se sienten, con la piel y con los ojos, se posan en el corazón y se llevan tu cuerpo, porque las canciones de Les Cruet son algo vivo (algo que te acompaña), una emoción que trepa por tu espina para instalarse para siempre bajo el pecho.
Ramon Mas





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