Una entrevista con Mick Geggus, de los Cockney Rejects 22 junio, 2017 – Publicado en: BCBlog, Entrevistas

“¿Por qué el puto rock’n’roll tiene que ser tan serio?”

Realicé esta entrevista con Mick Geggus, guitarra y fundador de Cockney Rejects, en el año 2013, cuando hacia su aparición el documental sobre la banda, East End Babylon. Siempre he sido fan de los Rejects, incluso en (mi) más barbilampiña adolescencia mod me encantaban “Bad man” y “New song”, compré el single y lo escuchaba muy a menudo. Me emocionaba “Bad man”; me emociona aún, de hecho. En muchos sentidos su sonido me parecía y parece más cercano a Jam, Purple Hearts y Chords (mod ochentas musculoso) que al elemento más limitado en cuanto a luces del Oi! (no es una teoría tan implausible; en muchas fotos de 1980 se ve a Stinky Turner con camiseta de los Jam; aunque también de Nazareth, ahora que lo pienso).

Los Rejects, en todo caso, eran muy divertidos, ruidosos, nada sospechosos de afiliaciones mefíticas, ultra-jóvenes (Stinky Turner empezó a cantar con la banda a los 15, menor de edad perdido), muy de barrio, los más melódicos del género. Sigo siendo muy fan de los “cuckni” -como se les llamaba en mi pueblo natal-, aunque no esté de acuerdo con algunas de las cosas que piensa Geggus (y que ustedes leerán en un instante), claro está.

Esta entrevista nunca vio la luz en su momento. Van a leerla en primicia, suertudos lectores del BCBlog.

Tras ver East End Babylon, la historia de Cockney Rejects, lo de los Sex Pistols parece una película Disney. Lo tuvisteis más jodido que el resto de grupos punks, quizás más que cualquier otra banda del período.

Obviamente lo tuvimos peor que la primera ola de punks de escuela de arte; ellos hacían posturitas y posaban y jugaban con temas violentos que estaban a kilómetros de distancia de la realidad de sus vidas de clase media, mientras que nosotros estábamos familiarizados con la violencia de una forma u otra desde edades tempranas. Era una parte cotidiana de venir de donde veníamos. Estoy totalmente en contra de la violencia innecesaria, pero en aquella época de nuestras vidas era necesaria a menudo, qué puedo decir. Ni lo apruebo ni lo rechazo, pero sigo estando orgulloso de la forma en que nos mantuvimos unidos y guardando las espaldas de los demás, compartiendo un vínculo que continúa hasta hoy.

Vuestra historia, como se ve en el documental, está llena de metidas de pata y errores de juicio. Como lo de salir cantando el himno del West Ham en Top Of The Pops, por ejemplo, algo que casi acaba con vuestra carrera (e integridad física). ¿Haríais las cosas de otro modo hoy?

¡Por supuesto que lo haríamos de otro modo! Además de ser un producto de nuestro entorno, también éramos un producto de la época, y el prejuicio de clase abundaba en la industria de la música en ese momento. A menudo sentíamos (a veces correctamente, a veces no) que mucha gente, especialmente en los medios, nos miraba por encima del hombro, y eso nos cabreaba un montón. Si combinas juventud, temperamentos irritables, resentimiento de clase y un montón de bebidas alcohólicas y hierba, lo que obtienes es una mezcla de lo más volátil. De ahí lo de Top Of The Pops. Tuvimos peleas en cada concierto desde aquella aparición. No fue una gran idea.

Lo tuvimos peor que la primera ola de punks de escuela de arte; ellos hacían posturitas y posaban y jugaban con temas violentos que estaban a kilómetros de distancia de la realidad de sus vidas de clase media, mientras que nosotros estábamos familiarizados con la violencia de una forma u otra desde edades tempranas

Otras bandas del llamado Oi! (perdón por la etiqueta) sonaban igual de airados y fieros que vosotros, pero vosotros parecíais ser los únicos que lo pasaban bien. En el documental se os ve como niños en plena juerga (hasta que se torció la cosa, quiero decir).

Lo pasamos en grande. Nos mofábamos de todo lo que se movía y arrastraba, incluso de nosotros mismos. ¿Cómo puedes no divertirte tocando la guitarra y dando botes en un escenario? Todavía me siento así cada vez que toco. También debes recordar que esta banda nunca se consideró Oi! Éramos, simple y llanamente, una banda punk.

Una cosa que me encanta de los Rejects es que parecíais tener a todos los semanarios musicales en contra. La prensa de clase media os detestaba.

Mientras que la mayoría de las bandas se conformaban con recibir órdenes de compañías discográficas y se sentían tan privilegiados por que les ofreciesen una entrevista que estaban dispuestos a tragar con cualquier mierda y abuso de la prensa, nosotros éramos el polo opuesto. Nuestros padres nos habían educado para no tragar mierda de nadie. ¿Porque deberíamos soportarla de unos cuantos periodistas amargados?

En el filme tu hermano y tú afirmáis que erais apolíticos, y que lo único que pretendíais era poner al West Ham en el mapa. Pero por narices teníais que tener alguna visión política, aunque fuese mero anti establishment, o rabia de clase.

Éramos apolíticos. Nos hicieron pregunta estúpida tras pregunta estúpida sobre lo que considerábamos un tema totalmente aburrido, y siempre dábamos la misma respuesta: ¿Por qué el puto rock’n’roll tiene que ser tan serio? Si Joe (Strummer) y compañía querían pontificar y predicar, buena suerte, pero eso no era para nosotros. Tal vez las clases medias angustiadas sufrían algún tipo de auto culpabilidad que tenían que sacarse del pecho, pero nosotros no sentíamos esa carga. Y en cuanto a detestar a la policía, si tu pregunta iba por ahí, no era algo motivado políticamente. Los odiábamos porque era intrínseco en nosotros. Desde el nacimiento sabíamos que eran el enemigo, además de los hijos de puta que nos llevaban a comisaría.

Mientras que la mayoría de las bandas se conformaban con recibir órdenes de compañías discográficas nosotros éramos el polo opuesto. Nuestros padres nos habían educado para no tragar mierda de nadie. ¿Porque deberíamos soportarla de unos cuantos periodistas amargados?

Fútbol. Como deporte-escéptico, lo cierto es que no le veo el atractivo a la cosa. ¿Podrías darme algunos consejos prácticos para apreciarlo?

En aquella época el fútbol era el deporte definitivo de la clase obrera, totalmente irreconocible hoy en día. No se parecía en nada a esa máquina de dinero actual, cuando es una moda y un negocio, nada más. Las clases medias lo han tomado; ex seguidores de clubs de rugby y ejecutivos de bancos afirman que son fanáticos del fútbol de toda la vida. Mis cojones. Me gustaría verlos durante horas bajo la nieve en una grada helada en enero de 1977, por decir un año, para un pésimo partido de segunda. Imposible. Ahora el fútbol se ha convertido en una moda, una cosa del zeitgeist, si quieres llamarlo así, y parece que si no “amas” el fútbol ya no eres un enrollado. Pero no se trata de ser enrollado o no. El West Ham United nace de pertenencia, familia y tradición. Es un amor incondicional, o lo entiendes o no. Lo que seguro que no puedes hacer es comprarlo.

Sobrevivisteis a muchos ataques, pero no a aquella emboscada televisiva (donde os acusaron de ser de extrema derecha) y el posterior veto del ayuntamiento londinense, que os impidió tocar en la zona durante una temporada. Un malentendido de lo más deprimente, supongo.

Una época horrible. ¿Por qué aquellos llamados “progresistas” de clase media estaban tan empecinados en destruir a un grupo de niños de clase obrera? ¿Acaso no éramos exactamente el tipo de gente que deberían estar defendiendo? Era una cuestión cosmética. Aquellos tíos eran venenosos, egoístas cabrones y presuntuosos que deberían agachar la cabeza de pura vergüenza por las mentiras que contaron sobre la banda. Los odiaré hasta que muera.

En aquella época el fútbol era el deporte definitivo de la clase obrera, totalmente irreconocible hoy en día. No se parecía en nada a esa máquina de dinero actual, cuando es una moda y un negocio, nada más

Entiendo. Por otra parte, sí habían algunos elementos inquietantes en los márgenes del Oi! Algunos de los cuales aún deben cojear tras la tunda que les metisteis en la batalla campal del Cedar Club, por cierto.

Siempre he detestado a esos cabrones y todo lo que representan. No voy a perder el tiempo aquí discutiendo sobre esos elementos, es un desperdicio de tiempo y espacio. Pero ten la seguridad de que en el Cedar Club les metimos tal somanta de palos que los que aún pululan por el planeta lo recordarán hasta el final de sus días.

¿Cuál es tu opinión sobre los graves incidentes de Southall en 1981 entre jóvenes asiáticos y el público, mayormente skinhead, de aquel concierto Oi!?

Yo sabía que algo malo iba a suceder en Southall, y traté de advertir a ciertas personas de que aquel concierto era una mala idea. Había sucedido no hacía mucho lo de Blair Peach en una manifestación antinazi [la policía mató a un manifestante asiático], y las cosas estaban calientes. Por desgracia, nadie me escuchó, y un puñado de agitadores políticos (tanto de izquierda como de derecha) capitalizaron la situación y crearon lo que querían, un puto motín racial. Conozco a algunos de los chicos de las bandas implicadas, algunos de ellos siguen siendo buenos amigos más de treinta años después (como The Business), y te aseguro que eran sólo niños sin un miligramo de politización en sus cuerpos. Los utilizaron como carne de cañón (junto con otro montón de niños asiáticos) para impulsar una determinada agenda política. ¡Y te preguntas por qué odio la política!

Es innegable, insisto, que algunas bandas del Oi! tardío eran sospechosas, por no decir otra cosa. Y el fiasco de Nicky Crane, un célebre miembro de Blood & Honour, apareciendo en la portada del recopilatorio Strength Through Oi! no ayudó.

Como he dicho antes, no desperdiciaré espacio de esta entrevista hablando de esos tipos. Sé que algunos de los gilipollas que mencionas estaban involucrados en mierda de extrema derecha, pero nosotros ya estábamos a un millón de millas de todos ellos, tocando heavy metal del bueno.

Ahora que lo mencionas, ese renacimiento como banda heavy aún me resulta desconcertante.

No hay motivo para el desconcierto. Yo mismo, Jeff y Vince éramos fans del rock y el metal durante años, antes de que comenzara el punk. El primer álbum que compré fue Led Zeppelin II, seguido por el primer álbum de Queen. Compaginábamos cosas de Sabbath, Nazareth, Joe Walsh, Aerosmith y ZZ Top con cosas de punk, cuando llegó. Era todo música fuerte de guitarra. Para nosotros, el buen rock y el buen punk eran lo mismo. Además, si hubiésemos sacado otro álbum punk de relleno, sin creer ya en ello, hubiésemos sentido que estábamos estafando a los fans, algo que no estábamos dispuestos a hacer. Bandas como Pistols y Damned no supieron crecer y experimentar; por eso murieron. The Clash evolucionaron hacia el art-reggae, y habría sido un timo si hubiesen continuado regurgitando punk de segunda que además nunca iba a igualar la calidad de sus primeros discos, y lo mismo sentimos nosotros. Es solo que nos decantamos hacia lo que nos vino naturalmente: el metal. Esos álbumes, por cierto, están a punto de ser reeditados en una caja remasterizada que saca Cadiz Music. Estoy orgulloso de ellos.

Has mencionado a otras bandas punk. ¿Qué grupos te gustaban más en la época?
Sham 69 estaban bien, pero no me gustaba ninguno de los demás grupos de nuestra época. Lo que sí que nos encantaba era la primera ola: Pistols, Clash, Stranglers, Generation X… Me daba igual si sus credenciales de clase trabajadora eran un poco endebles, escribían grandes canciones y punto. Y por supuesto, nos encantaba todo el rock duro, como te decía antes:  los primeros Queen, Led Zep, Van Halen, Aerosmith … Siempre nos había gustado. Para nosotros todo era gran rock’n’roll. No distinguimos entre los dos.

Sham 69 estaban bien, pero no me gustaba ninguno de los demás grupos de nuestra época. Lo que sí que nos encantaba era la primera ola: Pistols, Clash, Stranglers, Generation X…

Jimmy Pursey, de Sham 69, y Gary Bushell, vuestro manager. Dos viejos compañeros de viaje de los Rejects, solo que con carreras chocantes. Uno terminó de bailarín, el otro de columnista monárquico.

Jimmy era un chaval majo, de pueblo, de clase media, con mucha jeta y mucha ambición, quien creó una buena banda que a la vez no estaba preparada para toda la mierda (fútbol, ​​nazis, skinheads) que cayó sobre ellos. Finalmente los destruyó y Jimmy perdió contacto con la realidad a pasos agigantados. Sin embargo, siempre tuvo un buen corazón, y todavía le estoy agradecido por la ayuda que nos prestó a los Rejects al principio de todo. Garry Bushell es un chico de clase trabajadora del sur de Londres, un gran escritor y un buen hombre. Va por ahí con el corazón en la mano y siempre ha hecho todo lo posible por promover el punk rock desde las raíces. Ha sido un buen amigo durante 35 años y estoy orgulloso de conocerlo.

La historia de Cockney Rejects es también la historia de dos hermanos. Es realmente increíble que tú y Stinky os hayáis mantenido unidos a lo largo de toda una carrera.

Todavía nos peleamos por cualquier chorrada. Por supuesto que nos dábamos de hostias todo el día cuando éramos niños. ¿Qué hermanos no lo hacen? Pero seguimos siendo una familia muy unida, y doy gracias por de haber tenido el privilegio de tocar junto a uno de los mejores frontman que han salido del rock’n’roll. Y punto.

Tu familia: cuéntanos algo sobre tu madre y tu padre. Él era un tío duro local y también portero de fútbol, ¿no es así?

No, el tío duro era mi abuelo, Jack, el padre de mi padre. Mi papá, Fred, era un hombre de pocas palabras, pero nunca se dejó pisotear por nadie en toda su vida, una filosofía que impartió al por mayor a sus chavales. Mi madre era una chica de la vieja escuela del East End quien era, y sigue siendo aún, la mejor madre que se puede desear. Y lo digo desde el fondo de mi corazón.

El viejo East End nos hizo lo que éramos y lo que somos ahora. Aunque a veces podía ser un lugar peligroso, mucha gente vivía en base a un verdadero sentido de comunidad

¿De qué manera dirías que tu barrio natal, el East End londinense, ha moldeado tu visión del mundo, actitud y ética?

El viejo East End nos hizo lo que éramos y lo que somos ahora. Aunque a veces podía ser un lugar peligroso, mucha gente vivía en base a un verdadero sentido de comunidad, y cosas como fiestas en la calle eran comunes para eventos de importancia nacional. Dicho esto, la calle donde yo nací contenía una buena proporción de hijoputas maliciosos, Y a pesar de eso, en esos días previos a internet y los móviles, nos montábamos nuestro propio entretenimiento callejero. Era una buena época para estar vivo (si bien algo espartana).

¿A quién culpas por la desaparición de viejas comunidades obreras como el East End?

Una vez más, a los políticos. Y culpo a uno en particular: Tony Blair. Ha existido inmigración gradual durante siglos en el East End y, en goteo, gente de partes pobres del mundo han establecido su hogar entre los indígenas, integrándose, intercambiando ideas, construyendo un vínculo común y un verdadero sentido de comunidad. Entonces, ¿qué hace ese basura? Abre las compuertas y permite que gente de todo el planeta inunden el lugar sin ningún tipo de control, alterando el frágil equilibrio que se había logrado mantener y haciendo que cualquier espíritu de comunidad compartida se rompa. Y todo por unos cuantos votos. No se puede culpar a nadie por venir aquí a buscar una vida mejor, pero, en mi opinión, ese idiota de Blair y sus compinches, en su odio a la tradición, buscaron deliberadamente destruir cualquier vestigio del sentimiento compartido inglés que sentía aquí gente de muchos orígenes étnicos, alienando a millones de personas en el proceso y creando guetos étnicos donde antes no existía ninguno. Si se suma a eso que Blair fue el proveedor de la mayor mentira de la historia moderna (las armas de destrucción masiva) y envió a muchos de nuestros jóvenes a morir en campos extranjeros sin razón alguna, si existiese verdadera justicia el hombre se estaría enfrentando a cargos de crímenes de guerra en La Haya, y a la perspectiva muy real de colgar de una soga. Y Cameron tampoco es mejor. ¡Políticos! ¡Me cago en ellos!

Una última pregunta: ¿Cuándo fue la última vez que te enzarzaste en una pelea?

Hace mucho tiempo que no me lío a puñetazos. Tengo artritis en ambas rodillas y un músculo subraespinoso roto en mi hombro, por todos los años que pasé levantando pesas. Así que si alguien me molesta ahora lo único que hago es meterle una bala entre los ojos. Es broma, hombre.


Kiko Amat (Sant Boi, 1971)

Kiko Amat (Sant Boi, 1971) es novelista autodidacta, periodista cultural sin estudios, anglófilo del Baix Llobregat y fan totalitario del pop. Es autor de las novelas El día que me vaya no se lo diré a nadie (2003), Cosas que hacen BUM (2007), Rompepistas (2009) y Eres el mejor, Cienfuegos (2012), las cuatro para la editorial Anagrama; así como la recopilación de ensayos-crónica sobre música pop Mil Violines (Random House Mondadori, 2011), la antología confesional Chap chap (Blackie Books, 2015) y L’home intranquil (Columna, 2010).

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