Madee o el emo maduro 27 septiembre, 2019 – Publicado en: BCBlog, News BCore

No hay otro lugar mejor para reunirse con Madee que en Cabrils, donde algunos de sus componentes se tenían vistos desde los tiempos del cole. Y no hay espacio mejor, en concreto, que Can Rin, el restaurante de Pep Masiques (bajo) y centro de operaciones del grupo desde años ha.

Antes de Madee, me explica Ramón Rodríguez (voz, guitarra), fueron Madison. Y antes de Madison fueron Danger Zone, en homenaje al tema de Ramones, no al de “Top Gun”. “Eso molaría más”, admite Ramón. También hubo por ahí en medio un grupo de versiones, The Submarines, con el que el futuro cantante de Madee trató de ejercitar un amplio espectro vocal.

Los últimos Madee son casi los mismos del principio: además de los nombres citados, están Adam Vives y Capi a la guitarra y Marc Prats, hoy ausente, a los teclados. El batería Lluís Cots ha sido sustituido por un discípulo suyo, Antonio Postius (de Mourn), la mitad de viejo que todos nosotros, pero con el doble de referencias culturales. Adam lo llama “la versión 2.0 de Lluís”.


 
 
“Fugazi más The Cure”

Cuando lo conocimos, a principios de siglo (suena lejano y lo es), el grupo basculaba con pericia entre emo y pop épico, equidistante de Sunny Day Real Estate y U2. Ramón apunta otras referencias: “En su época, yo veía eso del emo como Fugazi más The Cure. Juntar esas dos cosas. Yo lo veía un poco así”. Ensoñadores en “Songs from Cydonia” (2002), algo más abruptos y ariscos en “Secret Chamber” (2003), encontraron su mejor equilibrio entre tensión y melancolía, y sus mejores palabras, en el clásico “Orion’s Belt” (2004), del que este 24 de octubre publicarán una edición digital de 15º aniversario con el añadido de todas las demos (grabaron ese disco dos veces, una de ellas tan solo para estar preparados para grabar en Chicago), algún cover y una versión primitiva de “Fallen Heroes”.

“Para mí ese disco es la síntesis”, dice Ramón. “Ahí conseguimos sonar más a nosotros. Hasta que no entró [el ingeniero] Santi García en la ecuación, no empezamos a tocar de forma más personal. A mí supo sacarme de mi zona de comfort y decirme que podía hacerlo mejor”.

Después llegó “L’Antarctica”, un disco muy distinto en diseño a los anteriores, lejos de la ensoñación del arte de Anna Gallés, pero en realidad no tan rupturista a nivel de sonido. Hay cosas que antes no estaban, como arreglos de viento o coros femeninos, pero “suena a Madee”, concluye Adam. Y un poco a lo que Ramón ofrecería poco después como The New Raemon: “Por el lado de la sencillez a nivel melódico”, dice el implicado. “Grabé la maqueta de ‘La cafetera’ en un descanso durante la grabación de ese disco”.

Si Madee abrieron paréntesis en el 2011 (o, qué diablos, lo dejaron), no fue tanto por las nuevas obligaciones de Ramón como por el cansancio de Lluís, quien quería concentrarse en la producción y el diseño de sonido. Si renacieron en el 2014, fue en principio porque Pep quería volver: “Una vez has tocado, eso deja huella… Es difícil renunciar a eso”. Lluís dijo que sí, grabaron el fantástico single “Age of ruin” y empezaron a hacer otros temas. Lluís dijo que no. “Me estáis liando”, fueron un poco sus palabras.

 

Emo de mediana edad

Flash-forward a 2019, cuando Madee se disponen a publicar por fin algunos temas acumulados en estos años, además de uno que se quedó en el tintero en… ¡1998! “De ese año proviene la música de ‘Under the Sun’, así es”, dice Ramón. “Es la que más suena a la esencia de lo de antes, pero es que la canción tiene más de dos décadas. La hemos terminado ahora”. (Pep): “Tiene un punch así más juvenil”.

Sobre todo, sea como sea, el nuevo repertorio sigue la línea de “Age of Ruin”, es decir, es un poco lo que podríamos llamar “emo de mediana edad”, o “emo maduro”. Como Joan Of Arc, American Football o Jeremy Enigk, Madee son fieles a su identidad sin desdeñar la clarividencia y la serenidad que pueden dar los años. (Ramón): “La fuerza es la misma, pero la canalizas por otro sitio”. (Antonio): “Y te lo tomas con más calma, porque no te estás exigiendo lo que te exigías en aquellos años”. (Pep): “La intensidad está más contenida, pero sí que está”.

De lo que he podido escuchar del material nuevo, la mayor diana emocional parece “The way home”, con una guitarra muy Robert Fripp. Canción que, líricamente, es madurez pura: “I don’t look back in anger, I don’t look back in regret, I don’t look back”. Según las palabras sabias de Mark, “hay que vivir lo mejor que se pueda y hacer las cosas con cariño y evitar todo lo que te cause dolor y tristeza”.

No solo hay que vivir y dejar vivir, sino también dejarse vivir. “Pasados los cuarenta, abrazas la experiencia y estás mucho más tranquilo”, dice Ramón. “¿A ti no te pasa que te lo has pasado mucho mejor de los 34 para arriba, que cuando tenías 23?”, me pregunta. Es la clase más disfrutable de entrevista: aquella en la que el entrevistado no se siente interrogado y contesta sin más, sino quiere, realmente, entablar una conversación. Pasa muy poco.

 

El séptimo Madee

El nuevo material también conecta con “Age Of Ruin” por la forma de componer. “En lugar de hacerlo todo más o menos junto, ahora hago las voces después, como acostumbro a hacer con lo mío. Primero terminamos la música y luego me encargo yo de rematar las voces en casa, con las letras de Mark”.

Mark es Mark Swanson, también conocido como el séptimo Madee, al menos desde 2014. “Diría que en el grupo ejerzo como director artístico y letrista”, me cuenta en un correo electrónico. “Soy el autor de todas las fotos que se usaron en ‘Age of Ruin’ y se han usado en los próximos lanzamientos. También las letras son mías. Intento hacerlas en un formato musical de estrofa-estribillo-estrofa-estribillo, con algunas palabras extra para lograr algún impacto o hacer un giro en el tema”.

(Ramón): “Las letras de Madee, sobre todo del tercer y cuarto disco, son muy literales”. (Antonio): “Se entiende de qué va todo”. (Ramón): “En cambio, el lenguaje que usamos con Mark es mucho más poético. Son poesías”. (Mark, en su correo): “Me gustan las metáforas. Trato de tener los pies en el suelo, pero a veces hay que flotar en el aire, ya sea con el color o las referencias a lugares y tiempos”.

 

El plan maestro

La idea de BCore es ir estrenando un tema cada mes y en abril hacer un vinilo con todos. Después, Madee saldrán a tocar. Con las mismas ganas de siempre, pero algunas nuevas estrategias. Sobre todo por la parte vocal: “Ya no fuerzo mucho la voz”, dice Ramón. Sé las cosas que puedo hacer, las que no… Ahora mismo no estoy arriba todo el rato. Hemos de preparar el setlist de tal forma que no pueda hacerme daño. Con las discusiones que conlleva”.

Lo importante es que a Ramón no le pase lo que a Hamilton Leithauser, antiguo líder de The Walkmen. (Antonio): “Ese cantante ya no es lo que era. Pero es que, claro, desde los 24 años haciendo el tenor en plan guarro, con la vena a punto de reventar…”. (Adam): “No todos son Mike Patton. Ese hombre es una puta máquina. Es un prodigio”.

La conversación se concentra después en un tema tan importante como la carrera de Nicolas Cage en el directo-a-vídeo, y de hecho, creo que llegó a hablarse más sobre Nic que sobre Madee. Podrá leerse en la edición extendida, dentro de 15 años.

Fotografía: Noemí Elias @beigott_noemielias
Contratación y management: contratacion@168management.net

 


 

Juan Manuel Freire @freirejuanma  es periodista y crítico cultural. Ahora mismo se le puede encontrar, esencialmente, en El Periódico de Catalunya y Rockdelux, medios en los que escribe sobre cine, música o series. Ha escrito también en Cinemanía y la edición española de Rolling Stone, entre otras publicaciones.