Imagen, cubierta y objeto. 60 años de grafismo musical en Mallorca (I) 13 Febrero, 2017 – Publicado en: BCBlog

«Porque yo he venido aquí a hablar de mi libro»

Paco Umbral (1993)

Durante la primavera de este año verá la luz «L’Objecte Sonor. 60 anys de grafisme musical a Mallorca». En él, el historiador Tomeu Canyelles, la fotógrafa Aina Climent y un servidor, intentamos explicar la historia de la cultura popular contemporánea de nuestra patria chica (y de todo lo que queráis incluir por extensión) a través de las portadas de los discos grabados, editados o interpretados por artistas isleños desde los años 40 hasta la actualidad. Han sido dos años de trabajo intenso, del que hemos aprendido unas cuantas verdades:

1- En Mallorca pasan cosas.

2- En Mallorca nunca ha interesado que pasen cosas.

3- En Mallorca la desmemoria es un deber.

4- En Mallorca seríamos capaces de vender a nuestra madre (en bikini y con un trozo de playa bajo sus pies a modo de peana, a poder ser) a cambio de un turista más y  un libro menos.

Lo que sigue, dividido en dos entregas, es un aperitivo de lo que podréis encontrar en él: un texto introductorio donde analizamos (de forma amena, que no cunda el pánico), la situación política, social y cultural y las tendencias imperantes en materia de diseño de cada momento y una compilación de imágenes (muchas imágenes, repito: calma) de piezas originales ordenadas de forma más o menos cronológica. Y esto es solo la punta del iceberg, amigos: las joyas de la corona están ahí dentro, por eso espero veros en alguna futura presentación. Bueno, por eso y por la cerveza gratis, que nos conocemos.


¿Pero esto lo hace alguien?

A nivel de diseño, el encargo de una cubierta para un álbum es siempre una oportunidad especial para trabajar codo con codo con el artista, independientemente de si es autor, o no, de las composiciones. Se trata, sobre todo, de dotar de vida al envoltorio, para que transmita, a primera vista, las sensaciones que se irán desarrollando canción a canción en el disco. La cubierta, la funda, la galleta o el libreto son piezas que proporcionan un primer contacto al consumidor de la obra que tiene entre las manos y que está a punto de escuchar: por ello el juego que dan las expectativas creadas es casi infinito.

No olvidemos que una cubierta, como cualquier objeto que se diseña con una finalidad concreta, es también hija de su tiempo. No sólo está sujeta a las tendencias estéticas del momento, al estilo musical de las canciones que contiene, al presupuesto o a las técnicas de maquetación fotomecánicas disponibles en un momento determinado, sino que su concepción cambia a lo largo del tiempo, a medida que también cambia y se diversifica el público objetivo.

Los discos, por lo tanto, son un objeto ideal para seguir las huellas de los cambios en el consumo de cultura popular de los últimos sesenta años, así como también los cambios sociales de un lugar determinado, a través de las pequeñas cápsulas de imaginario visual que representan las fundas y las cubiertas.

Antes de ser un «objeto sonoro», estas fundas jugaban un papel tan básico como sencillo: proteger los surcos del disco y, a la vez, gracias al agujero de la parte central poder leer en la etiqueta el nombre del artista, la canción, los compositores y la compañía editora. Un envoltorio y poco más. A finales de 1939, un trabajador de Columbia Records de sólo 23 años, devoto tanto del art déco como del viejo cartelismo europeo, propuso a la directiva reemplazar la funda marrón clásica por una cubierta, donde se combinase una ilustración con una tipografía impactante, elegante y moderna. «La forma en que se vendían los discos antes era absurda: aquellas portadas de cartón marrón, crema o verde… no tenían ningún gancho, ningún atractivo. Consideraba que aquello no era una forma de proteger algo tan maravilloso como la música. Me imaginaba carteles en color que ligasen con el espíritu de cada disco, en lugar de aquellas bolsas de papel o cartón. Quería que la gente mirase la obra artística y que escuchase la música», dijo Alex Steinweiss, reconocido como el inventor de las portadas tal como las entendemos hoy día. Su propuesta, recibida en principio con cierta indiferencia, revolucionó la lógica industrial del momento: en menos de medio año, las ventas de Columbia Records aumentaron más de un 800%. Nada volvió a ser igual.

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Bisagra cultural.

Pepe Denis y su conjunto Palma de Mallorca / Mi pequeña romántica / Disco de goma laca / Regal, años cuarenta / Grafismo: no consta

A finales de los años 50, la autarquía política del franquismo, sumada a las limitaciones importantes que vive un grueso amplísimo de la sociedad, condicionan fuertemente la existencia de un panorama musical gris y estancado a nivel popular. Con la llegada de los ministros tecnócratas al poder en 1957, el gobierno manifiesta los primeros síntomas de apertura; aunque continúe siendo una dictadura nacional católica repudiada por numerosas potencias de Occidente, muestra el firme deseo de modernizarse.

De manera insólita, se consigue sacar provecho de aquel aislamiento haciendo pasar a España por un destino donde pasar unas vacaciones inolvidables a partir de una fórmula difícilmente superable: paisajes idílicos, tipismo local y un clima cálido a un precio bastante asequible… Las Baleares no sólo reúnen todos estos requisitos, sino que aglutinan una red de salas de baile y salas de fiestas como Trocadero, Trébol o Tito’s, espacios que intentan acercar el cosmopolitismo europeo al público isleño. En los escenarios se pueden ver a Los Trocantes, Marimba, Ritmo y Melodía, Musilandia y Estrellas Negras, o La Orquesta Bolero, surgida de la fusión de Las Estrellas Azules y Melodians, es una de las formaciones más populares del momento.

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Mallorca se mueve a ritmo de swing, foxtrot, tango y bolero, pero también con el pasodoble, la copla y otras ramificaciones de la denominada «canción española». A partir de himnos como «Banderita, tú eres roja», «Suspiros de España», «Mi jaca» o «Campanera», estos géneros, de raíz pasional y castiza, sirven para reivindicar las raíces propias en un tiempo de exaltación patriótica fuerte y de inmovilismo cultural impuesto. Esta necesidad de reafirmar la identidad implica también percibir, con tanta desconfianza como altivez, a los nuevos bailes llegados del extranjero que sacuden a los cuerpos de la juventud occidental. «Los altavoces cargados de absurdo estruendo de música  exótica han pulverizado aquella música castiza y española (…) Nuestros oídos ya no perciben la alegría que se desprendía de nuestros pasodobles ni de las obras de nuestro género chico. Que se queden los absurdos jovencitos de ahora con sus mambos y sus rock and rolls. Que se queden con estos ruidos de batería de cocina y nos dejen a nosotros, que aún conservamos el gusto, toda la melodía y salero de la música netamente española que nos legaron como una dote de orgullo nuestros grandes maestros», denuncia un grupo de jóvenes a la revista Cort en 1959.

Agrupación de Casa Oliver Mallorca / Single / SAEF 1959 / Grafismo: no consta

La necesidad de autoafirmarse culturalmente en aquel contexto hace que, en términos generales, los productos musicales más destacados estén marcados por la tradición. Esta sensibilidad propia del momento se bifurca claramente en dos direcciones: por una parte, la canción española a la cual hemos hecho referencia y, por otra, la música popular mallorquina –la única que puede utilizar el catalán en las letras- que forma parte de una cantidad considerable de espectáculos de cariz regionalista, donde el peso estético de la danza o las vestimentas tradicionales juegan un papel preeminente. Entendido como una parte de una cultura exótica y completamente reaccionaria a las vanguardias, aquel tipismo local, representado por el ball de bot y los boleros, se convierte en un espectáculo de exhibición ante el numeroso público extranjero.

Agrupació Folklórica de Valldemossa Mallorca y su música / Single / Regal, años cincuenta  / Grafismo: no consta

La intensificación del turismo en la segunda mitad de los años 50 contribuye a reforzar el peso de la música folklórica mallorquina: de esta forma, la posibilidad de hacer negocio a ritmo del «Copeo de muntanya», «Jota de pagesia» o «Sa ximbomba» incrementa cuando comienzan a editarse las primeras compilaciones discográficas con tonadas isleñas tradicionales, a modo de souvenir. Aparecidos de forma simultánea en 1956, el EP Mallorca y su música de la Agrupació Folklòrica de Valldemossa y el del grupo Balls de Mallorca –sin título y, paradójicamente, con una escena urbana en la portada- constituyen los primeros ejemplos de una forma en la cual son tan importantes los sonidos populares de la isla como la imagen que se proyecta de ello en la cubierta.

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Souvenir de Mallorca.

Guillem d’Efak Vell riu nostre / Concèntric  1965 / Fotografia: Josep Puvill / Grafisme: Pilar Villarrazo

Con el paso de los años 60 se observa un período nuevo de cosmopolitismo en la cultura y la música, donde el fuerte impacto turístico provoca una renovación clara en los gustos del público español. El pasodoble, la copla o el folklore pierden protagonismo de forma progresiva ante el pop, un nuevo concepto a la hora de entender la música popular. Los estilos musicales que llegan a la Mallorca de los primeros años 60 –beat, rock-and-roll, twist, canción ligera, yenka, etc.– representan una revelación cultural importantísima de la nueva década para una juventud que, buscando mayor libertad y una identidad propia, dejan de conectar con la música que escuchan sus padres y madres. Todo esto, de forma paralela al ascenso de la Nova Cançó catalana en el territorio insular, gracias a nombres como Guillem d’Efak, Miquelina Lladó (después Miquela, posteriormente al frente de Música Nostra o Siurell elèctric), Gerard Mates o los hermanos Joan Ramon i Maria del Mar Bonet.

Hasta el año 1965, Mallorca depende de otras zonas para grabar la música de sus conjuntos: así pues, si un grupo quiere publicar un single o un EP, tiene que dar el salto a la península, tal como hicieron desde finales de los años 50 Los Javaloyas o Els Valldemossa. En este contexto la industria discográfica es un negocio próspero, y más en un lugar como Mallorca donde, en poco tiempo, aparecen una cantidad considerable de formaciones musicales. Es en estos momentos cuando entra en juego la figura de Miguel Aller Martín.

Nacido en León en 1926, Aller, músico militar, llega a la isla en el año 1955. Aunque de manera esporàdica forma parte de algunas orquestas isleñas, en este nuevo lugar de residencia inicia una reconversión llena de éxito hacia el ámbito empresarial e inaugura Papel, una editorial dedicada a los cancioneros y a las partituras. Esta experiencia le permite conocer de más cerca el engranaje musical existente hasta convertirse en productor musical. La primera experiencia tiene lugar en el Teatro Sindical de Palma, cuando monta un equipo de grabación para registrar un insólito experimento: unir a la vocalista catalana Martha Cristell –residente en Mallorca desde los años 50 y vinculada a la Orquesta Bolero– con el conjunto local Los Guaguancos. La sesión da como fruto un EP formado por dos twists («Twister», «Mundo olvidado») y dos cha-cha-cha («Olé soleá» y «Mi corona») que edita Iberophon en 1963. Se trata del primer disco de música moderna grabado de forma íntegra en las Illes Balears.

Marta Christel y Los Guauancos S/t / Single / Iberofón 1963 / Grafismo: no consta

Es en esta época donde también se hace patente una metamorfosis en la iconografía aplicada a las cubiertas. Esta evolución está relacionada, sobre todo, con el cambio progresivo en el modelo de explotación del sector turístico en Mallorca, al cual no le sobran nunca soportes gráficos para vender la isla, de la mano de la connivencia de un régimen que permite ciertas licencias en favor del desarrollo. Poco a poco, se pasa de mostrar exclusivamente la imagen rural idílica a paisajes de sol, playa, hoteles, piscinas y discotecas, en un esfuerzo por vender una imagen más actual y moderna, de acuerdo con las oportunidades de negocio que se divisan con el auge del boom turístico.

Paralelamente a esta voluntad de explotar las raíces, siempre de manera inofensiva, empieza a surgir un grupo de artistas que pronto se unen al movimiento de la Nova Cançó catalana y Els Setze Jutges, como son los hermanos Bonet o Guillem d’Efak. Es a partir de aquí donde se abre otro campo en relación a la iconografía, relacionada directamente con un componente ideológico contrario a la dictadura, inherente a este joven movimiento artístico. Así se pasa también a reivindicar los orígenes a nivel visual, pero desde una aproximación más consciente de lo que supone el hecho de investigar el folklore local. Con una mezcla de aires hippies y cierta voluntad cosmopolita heredada del afrancesamiento de la Gauche Divine, la iconografía gana profundidad y un cierto afán de trascendencia, a veces tirando a frívola y esnob y otras haciendo del diseño de las cubiertas una verdadera extensión del mensaje de las canciones. Destacan El vent em du (1965) y Alça la cara (1966) de Joan Ramon Bonet y el único EP de Miquelina Lladó (1967), obra de Jordi Fornas; el sencillo Si vens prest (1969) i el LP Fora des sembrat (1969) de Maria del Mar Bonet (donde se consolida la estrecha colaboración, iniciada un año antes, con el fotógrafo Toni Catany) o las portadas para los sencillos Blues (1965, con fotografía y grafismo de Francesc Guitart) o Vell riu nostre (1965, con fotografía de Josep Puvill y diseño de Pilar Villarrazo) de Guillem d’Efak. Finalmente, es destacable la cubierta psicodélica del único EP del escultor Gerard Mates, En Mates (1968), con fotografías del ya mencionado Catany con grafismo del músico Pau Riba.

Gerard Mates Cançó de febrer / Cançó de l’adéu / Balada de nova vida / L’escarada / Single / Concèntric 1968 / Fotografía: Toni Catany / Grafismo: Pau Riba

Maria del Mar Bonet Maria del Mar Bonet / LP / Concèntric 1970 / Fotografía: Toni Catany / Grafismo: Antoni Ros Marbà

Sin embargo, el tratamiento intelectualizado de un disco, tanto en la imagen como en el contenido, es proporcionalmente reducido en comparación a los singles, EP y LP que presentan un vínculo, directo o indirecto, con la actividad turística. En este contexto, el disco representa un elemento de gran versatilidad, se convierte en un objeto de recuerdo capaz de evocar el verano mallorquín a partir de sonidos y de la imagen de las cubiertas. Es el gran acierto comercial de Fonal, prácticamente el pilar de su economía como empresa. «Fonal era un negocio redondo: vendía discos como churros, y además en tal cantidad y a tal velocidad que algunas veces no tenía ni tiempo de ponerles una carátula», afirma el locutor Miguel Soler. Los Massot, Los Vulcanics, Los Oliver’s, Los Cromáticos, Los Marblau, Héctor y su Conjunto, Los Romantics, Los Diferentes, Los 4 de Mallorca o Los Sayonara son algunos ejemplos de conjuntos isleños que graban y editan material sonoro con Fonal. Casi de forma simultánea, compañías como Belter o Hispavox explotan también este nuevo filón y comienzan a editar una serie de discos con el título de Souvenir de Mallorca.

Los Massot S/T / Single / Concèntric, Años sesenta / Grafismo: No consta

Una estrategia importante en las ediciones turísticas de Fonal es incluir alguna pieza de Miguel Aller que haga referencia a un punto geográfico concreto, siempre que esté a rebosar de turistas. El objetivo de componer una canción como «Can Picafort», «Son Vida», «El Arenal», «Cala Millor», «Cala Mayor» o «Come to Magaluf» es, por una parte, contribuir a internacionalizar las bellezas de Mallorca –y reforzar, si es necesario, la visión de una Mallorca revolucionada por el turismo, pero aún idílica- y, por otra, servir de reclamo para el visitante que pasa allí sus vacaciones.

La apertura.

La entrada en la década de los 70 está marcada, por una parte, por cierto continuismo en cuanto a la explotación por la industria turística de la imagen de Mallorca y también por reajustes en el mundo del entretenimiento, fruto de los avances técnicos a nivel de sonido, la aparición de los disc-jockey y de la crisis del petróleo de 1973, que obligan a adoptar medidas de ahorro para abaratar los costos derivados de la logística y del gasto energético que supone programar grupos en las salas de fiestas con regularidad.

Un cambio sustancial que se experimenta en esta década a nivel doméstico es la aparición de un formato nuevo: las cintas de casete (del francés cassette, “cajita”).

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Los Panderos S/T / LP / Maller 1972 / Grafisme: no consta

A nivel local, el mayor suceso discográfico es el despegue de Maller, sucursal de Fonal, registrada en diciembre de 1975.

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Es en esta época donde el diseño global del disco, concebido como un objeto capaz de transmitir algo más allá de la música, empieza a tomar una importancia capital. Continuando con las ansias de apertura de los movimientos artísticos, digamos «avanzados», que surgen una vez pasada la postguerra, con la irrupción del pop, ecos del mayo del 68 parisino y nuevas inquietudes, comienzan a surgir toda una serie de ilustradores, fotógrafos y diseñadores gráficos que colaboran entre ellos y dotan a muchas de las cubiertas de la época (sobre todo en el caso de las referencias de estilos en contacto con el folk, la Nova Cançó o la psicodelia) de concepto y profundidad. Aunque hay propuestas más bien complejas –como el collage lisérgico de La Roda +3 (1971), el único EP de Biel Vilanova, con diseño de María Isabel Haro Marisia y fotografía de Ramón Serra– la sobriedad es la característica principal del grafismo de discos, como respuesta a las principales corrientes comerciales;

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La colaboración entre profesionales locales y foráneos, consecuencia colateral del descubrimiento por parte de la bohemia peninsular y extranjera de las Balears como refugio y punto de reencuentro con las raíces, da como resultado piezas excepcionales, como la dirección de arte y el grafismo de América Sánchez (Premio Nacional de Diseño el año 1992) para Cançons de festa (1976) de Maria del Mar Bonet; las fotografías de Toni Catany (con quien inicia una estrecha colaboración a finales de los 60) para la misma artista en el excelente Alenar (1977), con grafismo de Francesc Guitart (que también se encarga del Miró de 1974), o la imagen de portada del disco homónimo de Amigos (1972), obra de Martin J. Louis, fotógrafo de figuras de primera línea del rock de la época y fundador de la revista Popular 1.

Maria del Mar Bonet  Cançons de festa / LP / Ariola 1978 / Fotografia de portada: Humberto Rivas / Grafisme: Pérez Sánchez JC

Amigos Amigos / LP / Hispavox 1972 / Fotografia: Martin J. Louis

Paralelamente a esta hornada de artistas y a la nueva visión del diseño gráfico, la industria turística continúa explotando el disco souvenir –así como el territorio– adaptándose a las demandas y a las tendencias de la época. Las portadas siguen con la temàtica de sol y playa, pero abandonan el cosmopolitismo naif e inofensivo de la década anterior a favor de la explotación del cuerpo de la mujer. Fruto del destape imperante en la segunda mitad de la década y del principio de la explotación del turismo de masas, las curvas femeninas y los bikinis se convierten en un reclamo cada vez más llamativo con tal de obtener el éxito económico.

D.A. Vacaciones en Mallorca / LP / Regal 1970 / Fotografia: Casa Planas

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Fotografía de portada y de las piezas que aparecen en este artículo: Aina Climent.

NOTA: Hemos intentado respetar la individualidad de lo objetos que aparecen reproducidos, por eso mismo algunos de ellos aparecen con elementos no presentes en su edición original (pegatinas, textos manuscritos, firmas, etc.)


Tomeu Mulet (Mallorca, 1987)

Tomeu_Mulet

Bartomeu Mulet Riutort nació en Mallorca en 1987 y lleva viviendo en Barcelona desde 2008. Diseñador gráfico y músico (actualmente en Beach Beach, Polseguera y, esporádicamente, Dofí Malalt). Colabora o ha colaborado con blogs como Gent Normal y 40Putes. Le gusta la cocina mallorquina y el Jack Daniel’s. Odia pintar persianas.

Fotografía de Lluís Huedo.
# Agrupació Folklòrica de Valldemossa, Aina Climent, Alex Steinweiss, Balls de Mallorca, Belter, Biel Vilanova, Columbia Records, Els Setze Jutges, Fonal, Francesc Guitart, Gerard Mates, Guillem d’Efak, Héctor y su Conjunto, Hispavox, Iberophon, Joan Ramon, La Orquesta Bolero, Las Estrellas Azules, Los 4 de Mallorca, Los Cromáticos, Los Diferentes, Los Guaguancos, Los Marblau, Los Massot, Los Oliver’s, Los Romantics, Los Sayonara, Los Trocantes, Los Vulcanics, Maller, María del Mar Bonet, Marimba, Marisia, Martha Cristell, Martin J. Louis, Melodians, Miquelina Lladó, Música Nostra, Musilandia y Estrellas Negras, Pau Riba, Ramón Serra, Ritmo y Melodía, Siurell elèctric, Tomeu Canyelles, Tomeu Mulet,