Harto de todo: Escena (Marc Viaplana) 29 junio, 2017 – Publicado en: BCBlog, Harto de todo

Para que todo este movimiento [el punk en Barcelona] cuajara, a parte de las bandas fue crucial la colaboración de un montón de gente y la aparición de lugares o sedes (locales de ensayo, bares, etc.) que conformaron un hábitat donde el punk pudiera desarrollarse. Un montón de gente anónima aportó su granito de arena desde su fanzine, con su programa de radio en alguna emisora pirata, con el carteo y el intercambio de material, con la edición de maquetas o simplemente con la aportación de ideas y nuevas directrices. Auténticos francotiradores que conformaron una red de acción y de trabajo.

Raíces

Mi primer contacto con el punk parte de una decepción. Yo debía tener 14 ó 15 años y recuerdo que a través del Vibraciones o el Popular 1 leí la definición de Punk antes de oír la música, el sonido, la banda sonora. Recuerdo que lo describían como una nueva hornada de bandas que practicaban un nuevo sonido definido como “el sonido de las fábricas, de la juventud cabreada, de la violencia”. Yo pensé: “¡Cojones, esto está hecho para mí!”. Llevaba años harto de escuchar la Velvet Underground porque era lo único que valía la pena. Recuerdo un día en la tele, en un programa de Carlos Tena (igual era el Popgrama), que salieron los Pistols y algunos más, posiblemente los Clash, y pensé: “¡Vaya mierda! ¡Pero si esto es rock and roll un poco más sucio y un poco más acelerado! ¿Dónde están las fábricas?, ¿dónde está el ruido?, ¿dónde esta el cabreo?”. No sé cómo me dejé liar. Pensé: “Bueno, no es lo que esperaba pero es mejor que Yes”. Fue una decepción porque lo que yo estaba esperando era la música industrial o lo que se llama noise electronics: Whitehouse, Suicide, Einstürzende Neubauten, Throbbing Gristle, que aparecieron un poco más tarde…

Los discos íbamos a mirarlos al Corte Inglés y los comprábamos en Castelló. Era la típica tienda de discos pequeñita, como la entrada de la portería de la escalera; como alguna relojería o alguna zapatería, que eran el portal de entrada. Sólo tenía una mesa y una cubeta con las novedades, y los demás discos los tenías que pedir. Por eso para mirarlos era mejor ir al Corte Inlglés y luego comprarlos en Castelló, que eran más baratos.

Mi primer contacto con el punk parte de una decepción. Recuerdo un día en la tele, que salieron los Pistols y algunos más, y pensé: “¡Vaya mierda! Lo que yo estaba esperando era la música industrial: Whitehouse, Suicide, Einstürzende Neubauten, Throbbing Gristle, que aparecieron un poco más tarde…

Al principio, supongo que como muchos, era un francotirador. Me gustaba aquello, pero no conocía a nadie. Hasta que en el instituto conocí a Pedrito ‘El Mod’. Él ya estaba más puesto, y empecé a ir a conciertos y a conocer gente. Fue entonces cuando conocí al Manel Pugés y fui a parar al Garaje de L’Hospitalet, a los locales de ensayo. Yo tenía una banda con él y compartíamos local con los Attak. Allí también se hacían conciertos y habían tocado Decibelios, Resorte… Recuerdo una vez uno de Attak en el que algún descerebrado se cargó el cristal de alguna ventana de la calle y se presentó la policía con zeta en mano. El Panko, gritando por el micrófono: “¡No pasará nada! ¡Somos los Attak!”. Al cabo de un minuto estábamos todos contra la pared. Los que tenían menos de 14 ó 16 años y los que eran mayores de edad pero no tenían DNI, todos para comisaría. No sé si fue el último concierto que se dio en el Garaje.

Último Resorte. Marc Viaplana a la guitarra y Mike a la batería (Archivo Joni)

Do you speak English?

Yo empecé a montar conciertos con el Ferran. Creo que fue cuando los Razzia se pusieron en contacto con él porque querían venir a tocar a Barcelona. Luego trajimos Blut & Eissen. Empezamos haciéndolos en Transformadors porque nos lo ponían muy fácil. También hicimos algunos en el KGB, pero a través de Transformadors, y alguno en el antiguo Zeleste. Entonces no había que pagar alquileres de sala; se quedaban lo que hacían de barra y punto, no como ahora. Transformadors era como un centro cívico y era muy fácil trabajar con ellos. Incluso cuando hacíamos cosas en el KGB a través suyo, nos aseguraban un pequeño caché fijo y una noche de hotel en el Hotel España.

Yo nunca telefoneé a ningún grupo para preguntarle si quería venir. Eran ellos los que me llamaban porque era de las pocas personas de la escena punk que sabía hablar inglés. Así que mi implicación, digamos como promotor, fue totalmente casual. Nunca me consideré un promotor. No creo que haya ningún promotor que les diga a los grupos: “¿Quieres venir? Toda la caja es tuya”.

Yo nunca telefoneé a ningún grupo para preguntarle si quería venir. Eran ellos los que me llamaban porque era de las pocas personas de la escena punk que sabía hablar inglés. Así que mi implicación, digamos como promotor, fue totalmente casual

La cosa se fue extendiendo porque venía un grupo y cuando volvía a su casa le pasaba el teléfono a otro grupo, este a otro y ya estaba montada la cadena. No es que yo no quisiera hacerlo, porque estaba encantado, pero era muy claro cuando me llamaban. Mi trato siempre era el mismo: “¿Queréis venir? Yo no quiero nada de pasta, toda la caja para vosotros. No quiero saber nada de pelas, como mucho para los carteles”. Los colocaba a dormir en la Punk House, en casa del Punky, que no hablaba inglés, pero que era un tío cojonudo y que por gestos ya se entendía.

Recuerdo que para los carteles me plantaba en la copistería con trozos recortados de revistas, les pedía que me dejaran las tijeras, la pega, hacía el collage allí mismo y les pedía que me hicieran 100 ó 200 copias. Me iba al metro con un cubo con cola y empezaba a pegar los carteles por Passeig de Gracia, por Catalunya… Estaba prohibido, pero se podía hacer, no estaba demasiado prohibido. En la calle era muy difícil engancharlos porque no había pirulís. Buscaba un grupo que les hiciera de teloneros y que a veces pudiera aportar algo de equipo, sobre todo la batería. Luego me ponía en la puerta a vender entradas y más tarde en la barra a servir cervezas. Lo hacía porque me gustaba y porque si no lo hacía yo, no lo hacía nadie. Y nunca quise decir que no a ningún grupo. Yo cuando montaba conciertos de este tipo, en el 84-85, como era consciente de que estos grupos querían transmitir un mensaje, traducía las canciones y repartía unos flyers con las letras en los conciertos. Entre las bandas que trajimos estuvieron Youth Brigade, Lärm, No Pigs, Pandemonium, BGK, Razzia, Blut & Eissen, Henry Rollins, Gore, Rhythm Pigs, Frites Modern

Recuerdo que Henry Rollins, el mismo día que llegó, me dijo: “Mañana tenemos el día libre. ¿No nos puedes buscar algo”. Yo pensé: “¿Un concierto de hoy para mañana? ¡Llevo más de un mes peleándome con las salas para conseguirte un concierto en Bilbao, uno Zaragoza y uno aquí!”. Recuerdo que estaba Pepe del Communiqué y le pregunté: “¿Quieres mañana al Henry Rollins en tu sala?”. Y me dijo: “¡Hombre, claro!”. Éramos unas 50 personas. La anécdota es que hay un disco del Rollins en el que sale la puerta del Comuniqué. Eso fue porque la misma noche del concierto el Pepe debió salir de fiesta y ellos habían dejado todo su equipo dentro de la sala para pasar a recogerlo a la mañana siguiente antes de ir a Zaragoza. Recuerdo que habíamos quedado sobre las once o las doce y apareció a las tres o las cuatro. Henry era el más tranquilo. Se puso a hacer flexiones en la calle. Los demás estaban bastante nerviosos. Al final llegamos con el tiempo justo a Zaragoza, pero no pudimos hacer prueba de sonido ni nada. Recuerdo que por el concierto del día anterior les pagué el doble de lo que pedían.

Hay un disco del Rollins en el que sale la puerta del Communiqué. Eso fue porque la misma noche del concierto el Pepe debió salir de fiesta y habíamos quedado sobre las once o las doce y apareció a las tres o las cuatro. Henry era el más tranquilo. Se puso a hacer flexiones en la calle. Los demás estaban bastante nerviosos

La gente que venía a los conciertos era siempre la misma, unas cien personas. La cuestión era quién pagaba. A mí nunca me gustó dejar a nadie fuera porque no tuviera pelas para la entrada. Igual había gente que se había emborrachado antes de entrar y se había gastado toda la pasta, pero por muy capulla que pensara que fuese, al final la dejaba entrar. Quien no quería pagar no pagaba.

Creo que el del Rollins fue el concierto más caro que organizé. La entrada valía 500 pesetas. Normalmente costaban entre 100, 200 ó 300 pesetas. Los Frites Modern me pidieron 15.000 pesetas por venir desde Holanda. Por supuesto, les di más dinero. No me quedaba nada, muchas veces ni el dinero de la cena, y las llamadas de teléfono las pagaban mis padres. A veces también los había llevado a mi casa a comer o cenar y utilizaba a mi hermano de telefonista.

De vez en cuando les robaban la furgoneta o la furgoneta se iba a la mierda, sobre todo las de los holandeses que venían con estas Volkswagen redondas, que para ir por Holanda, que es todo recto, plano y tiene doscientos kilómetros de punta a punta, de puta madre, pero cuando llegaban a los Pirineos las furgos se recalentaban. Una vez me llamaron de un taller de Soria diciendo: “Oye, que tengo aquí a unos tíos que me han dado tu teléfono para que te llame”. O a los mismos BGK: antes de conocerlos ya les habían robado la furgoneta en Zarautz.

Una de las últimas actuaciónes de Último Resorte en la sala Zeleste con Marc Viaplana a la guitarra. A la derecha del escenario podemos ver a Ferran de Anti/Dogmatikss apoyado en la columna (Archivo Joni)

Drogas

El problema con las drogas viene de una falta de educación. Que yo te diga que no tengo nada contra las drogas no quiere decir que no tenga nada en contra de los que se drogan, porque puedes ser muy burro y no drogarte, o muy inteligente y drogarte. No tiene una relación directa, depende de cómo lo lleves. Morirse es un fallo, pero si tu intención es matarte, ¡chapeau!

Yo siempre he sido muy irresponsable y muy inconsciente y no me he enterado de lo que hacían los demás. Cuando ensayábamos con Resorte sólo bebíamos cerveza y fumábamos porros, pero igual alguno ya llegaba hasta las cejas y no me enteraba.

Yo tampoco tengo nada contra la heroína. La heroína se asocia a morirse o a ser un yonqui perdido, pero también había yonquis que eran profesores y que se lo podían permitir y lo llevaban bien. Yo no hacía campaña de nada

Había unos cuantos personajes que iban hasta arriba todo el día (algunos están muertos), pero a mí drogarse hasta las cejas no me parecía divertido. Drogarse es como emborracharse. ¿Qué diferencia hay? Te puedes drogar poco y emborracharte mucho. Y una cosa es legal y la otra ilegal. Es tan negativo mucho alcohol como mucha droga, aunque yo no le llamo droga a nada. Hay drogas que sirven y drogas que no sirven. Depende de cada manera de ser. A mí el caballo nunca me sedujo. Para quedarme tumbado… no me interesaba.

Gente como L’Odi o el Joni de NDF hicieron un poco de campaña panfletaria contra la heroína, pero más que una campaña antidroga era alertar a la gente de que no fuera burra. No recuerdo que alguna vez dijeran a nadie “no te fumes un porro” o “no te emborraches”. Yo tampoco tengo nada contra la heroína. La heroína se asocia a morirse o a ser un yonqui perdido, pero también había yonquis que eran profesores y que se lo podían permitir y lo llevaban bien. Yo no hacía campaña de nada.

Los punks consecuentes son los que murieron. Drogarse, emborracharse y pegarse con la gente no podía durar para siempre.

Del punk al hardcore

Yo creo que el hardcore debió aparecer en el momento en que alguien se puso a pensar. No puedes seguir con Fuck the mods de los Exploited veinticinco años. La vertiente social del hardcore es lo que permitía continuar. El ejemplo más claro de esa evolución, de ese salto, es Último Resorte, ya que en la última época, cuando yo estuve tocando con ellos, cuando sonábamos a batidora, tocábamos muy rápido y éramos capaces de ejecutar veinte canciones en veinte minutos.

Eso sí, cuando tocaron por primera vez MDC en Barcelona e hicimos de teloneros nos quedamos pasmados. Nosotros tocábamos rápido pero muy mal, y ellos nos hicieron sonar como si fuéramos Joan Baez comparado con ellos. Además con una estética nada punk: un tío bajito con barba, otro rapado al cero… Y encima el bajista, que hablaba castellano, no paraba de hablar entre canción y canción intentado explicar el contenido de sus letras mientras era abucheado por los punks que no entendían nada.

Fotografía de portada: Marc Viaplana con Último Resorte (Archivo Joni)

Extraído de Harto de todo: Historia oral del punk en la ciudad de Barcelona 1979-1987 de VV. AA. (BCore, 2011)


Al habla Marc Viaplana (Organizador de conciertos, Último Resorte), nacido en 1962. Barrio de El Clínic (Barcelona)

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